domingo, 15 de agosto de 2010

Última función

Parece mentira, treinta y cinco años en la profesión y todavía me ponen nervioso las presentaciones. Aquí estoy en mi función de despedida, a punto de ver el último telón sin que nadie note la lucha interna que me aqueja, por un lado la satisfacción de la tarea cumplida y por otro la melancolía de saber que no volveré a transitar ese camino.
¡Enrique, mi amor! ¿Por qué me abandonas prontamente dejándome esta inmensa desdicha en mi corazón? ¿No estaré muy sobreactuada? Enrique siempre me lo remarcó, si exagero mucho los gestos la gente no me va a creer…se va a romper el sortilegio con el público, me dice siempre Enrique.
¡Ay Verónica! Si alguna vez te creyeras el personaje serías una actriz, no buena pero una actriz al menos. Tu candor y tu belleza me hicieron pensar alguna vez que puliendo un poco aquí y un poco allá conseguiría que brillaras en el escenario pero está visto que no lo he logrado. Ya no tengo fuerzas para seguir luchando contigo ni tiempo para darle la oportunidad a Marta que arde por dentro y su fuego la consume porque no le permití sacarlo, siempre dándole papeles de criada o avejentándola a fuerza de maquillaje con la excusa del “fisic du roll” para que no te opaque. ¡Qué injusto he sido, qué ciego estuve por ti y ya no puedo remediarlo!
“¿Por qué me abandonas prontamente dejándome esta inmensa desdicha en mi corazón?” ¡Ridícula! Ni vos te crees ese parlamento cursi, todos saben que tus únicos talentos están debajo del sostén. ¡Pobre Enrique! La titánica tarea de convertirte en una actriz lo ha tenido tan ocupado que ignoró durante cinco largos años mis progresos, mi esfuerzo y ¿por qué no? Mi talento. Ese papel no te pertenece insulsa arpía, yo debería ser tu Beatrice querido Enrique, besarte tiernamente sin tener que acudir a la memoria emotiva porque te amo desde el primer dia en que te vi tomando audiciones. Te sentaste en la boca del escenario con esa misma frialdad y palidez que luces hoy en tu última función.
¡Viejo de mierda! Cinco años soportando tus humillaciones. Cinco años de “la mesa está servida” y “un mensajero ha traído esta esquela, señor” esperando mi oportunidad. Cinco años viéndote abrazar libidinosamente a Verónica sin poder decirte en la cara que esa mujer me pertenece, que soy yo el único merecedor de sus encantos, y cuando tu pico de presión me dio la oportunidad que me negaste sistemáticamente, cuando el médico puso en palabras el sentimiento unánime del público y tuviste que dejarme el protagónico me salís con este unipersonal de despedida que nos obliga a suspender el reestreno ¡Viejo de mierda! Me cagaste la gran noche pero va a ser tu última jugada, ya no podrás hacer nada para evitar que brille en escena, no podrás impedir que tome a Verónica entre mis brazos frente al público y ella no tenga que sobreactuar un beso porque me lo dará con todo su amor, ese amor que nunca te tuvo.
Ricardito…ahí estás con esa cara de galán de telenovela venezolana que a fuerza de agua oxigenada y bisturí pretende diferenciarse de los millones de macacos que habitan esas colonias tropicales pero que cuando abre la boca revela su origen vulgar. Estarás contento de acceder al protagónico por la puerta trasera como un criado que juega al patrón en ausencia del amo sin darse cuenta que jamás logrará serlo realmente. Pensarás que Verónica te mostrará en público porque te escurriste algunas veces en su alcoba ¡Pobre idiota! Esta chiquita ya tendrá elegido otro hombre mayor y exitoso que me remplace y, en el mejor de los casos, se seguirá acostando con tus años, con el agua oxigenada de tu pelo, con la obra del cirujano pero nunca contigo.
¡Ah, qué injusta es la vida de un artista! Yo, que he deleitado a miles de espectadores durante más de tres décadas, que he formado varias generaciones de actores, heme aquí en mi despedida ante una pequeña concurrencia que en su mayoría han asistido por obligación. Yo, que vi mil veces mi camarín abarrotado de flores con tarjetas y felicitaciones de los más variados personajes de la sociedad, hoy me encuentro acompañado de un triste arreglo floral que dice “tus amigos” y seguramente han pagado los integrantes del elenco. ¡Cuántas veces soñé esta despedida! La imaginé en el Astros o el Odeón con plateas colmadas de admiradores y sin embrago aquí estoy en esta humilde multisala sindical soportando el desfile de palmas y coronas hacia el camarín de al lado donde seguramente se despide alguna reventada con ínfulas de vedette o un galán de cartón pintado como Ricardito.
¿Y los diarios, publicarán una nota de tapa en sus suplementos de espectáculos o sólo apareceré en un minúsculo recuadro con una cruz y el consabido Q.E.P.D?

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