jueves, 4 de febrero de 2010

Negro el 33

Treinta y tres años de dictadura. Las potencias de occidente se rasgan las vestiduras criticando las cuatro décadas del régimen antidemocrático llevado adelante por la Revolución cubana.
Treinta y tres años de dictadura. Los organismos internacionales de crédito se empeñan en perpetrar en nuestra región los planes económicos implementados por los economistas del último golpe militar.
Treinta y tres años de dictadura. A las treinta mil víctimas del terrorismo de Estado se le suman los nombres de Maximiliano Kosteki, Darío Santillán, “Pocho” Leprati, Ivan Torre, Alberto Apablaza y tantos otros que cayeron y siguen cayendo a diario víctimas de las balas del poder.
<---Segunda parte del texto --->
Treinta y tres años de dictadura. La actual Ley de Radiodifusión, decretada por la junta militar, disfraza de libertad de expresión a la libertad de mercado. Reemplaza el derecho a la información por la posibilidad de consumir noticias.
Treinta y tres años de dictadura. Adolfo Pérez Esquivel denunció la violación a los derechos humanos por parte de los gobiernos de facto de Argentina, Chile, Paraguay, Uruguay y Brasil apoyados por los E.E.U.U. en lo que se llamó el Plan Cóndor. El Nobel de la Paz denuncia el plan de saqueo del Acuífero Guaraní y los protagonistas son los mismos.
Treinta y tres años de dictadura. Los reclamos sociales, de salud y laborales que antes eran causales de secuestro y muerte hoy son respondidos con despidos y desaparición del sistema.
Treinta y tres años han pasado desde el inicio de la larga y oscura noche en la cual el terror se apoderó de nuestro país.
El autoproclamado Proceso de Reorganización Nacional llegó so pretexto de salvaguardar a la Patria de la amenaza del terrorismo internacional que pretendía subyugarla. El resultado de esa “gesta patriótica” fue el asesinato de treinta mil argentinos cuyos cuerpos, en muchos casos, continúan desaparecidos y la entrega definitiva de los recursos naturales y económicos de nuestro país a las potencias mundiales.
El terrorismo de Estado instauró en la Argentina durante siete largos años la paz de los cementerios y durante un cuarto de siglo la ley de la selva, la supervivencia del más apto, el individualismo que supone la ruptura de redes solidarias, la extinción del estado de bienestar.
Treinta y tres años han pasado también desde el inicio de un nuevo día, un trabajo de resistencia comenzó en aquellos años.
Grupos de mujeres se organizaron para buscar a sus hijos desaparecidos y a sus nietos nacidos en cautiverio. Muchos jóvenes se organizaron para encontrar su identidad. El resultado de esa búsqueda fue la reivindicación de los ideales de aquellos treinta mil.
Todos los días buscan a sus hijos perdidos, a sus nietos secuestrados y a sus padres desaparecidos. Los encuentran en la lucha por la vida, en una panadería comunitaria de un barrio de pie, en las aulas de una Universidad Popular inventada por ellos mismos, en los murales de vivos colores que ocupan los recintos donde antes reinó la muerte.
Ese atisbo de luz entre tanta oscuridad me recuerda los versos de León:

El amor es tenaz
y vuelve a salir
como el sol.

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